Amaranto, una de las semillas de oro de la agricultura mexicana

Con técnicas totalmente artesanales, habitantes del pueblo de Tulyehualco, en la delegación Xochimilco de la capital mexicana, cultivan como en la época prehispánica el amaranto, una semilla con gran potencial para México por su alto valor nutritivo.

El amaranto se cultiva en este país desde hace aproximadamente siete mil años y antes de la llegada de los españoles era fundamental en la dieta de los pobladores; hoy en día es distintivo de la comunidad de Tulyehualco, por lo que en el año 2016 fue declarado Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México.

Este producto aporta al cuerpo una importante cantidad de proteínas, minerales y vitaminas A, B, C, B1, B2, B3; además contiene ácido fólico, calcio, hierro, fósforo y es uno de los alimentos con alta presencia de aminoácidos.

De acuerdo con la Secretaría de Agricultura federal, el amaranto contiene el doble de proteína que el maíz y el arroz, y de 60 a 80 por ciento más que el trigo.

Se puede utilizar integralmente para proporcionar a la población los requerimientos proteicos y de calorías, los cuales en la actualidad se obtiene tan sólo de 20 especies vegetales como el trigo, arroz, mijo, sorgo, papa, frijol, soya, azúcar, entre otros.

Marco Antonio Molotla, representante de la Producción Primaria del Sistema Producto Amaranto del Distrito Federal, señala que el amaranto puede dar una buena repuesta económica a los pueblos que se interesen en su producción.

“Es una propuesta de trabajo muy buena y es una alternativa de alimentación que la están peleando a nivel nacional y a nivel mundial, ya tenemos la problemática de alimentación y el amaranto puede ser una alternativa”, resalta.

A partir de este alimento prehispánico, los pobladores de Tulyehualco elaboran, atole, agua fresca, galletas, pan, repostería, cerveza y una infinidad de platillos que se pueden encontrar en un recetario que elaboraron con ayuda de la Secretaría de Desarrollo Rural de la Ciudad de México.

Por ahora, menciona Antonio Molotla, el amaranto sólo se comercializa de manera local, ya que tienen la ventaja de estar en una de las ciudades más grandes del mundo, que demanda en gran cantidad este producto.

“Sólo falta que le demos el plus que merece (…) Queremos llevarlo a la canasta básica, queremos que sea reconocido por al Ley de Desarrollo Rural Sustentable como el doceavo grano estratégico, para que podamos tener la certeza de que sembrar amaranto pueda ser rentable y pueda ser una cuestión de alternativa de salud para nuestra ciudad o incluso para el país y el mundo”, sostiene.

También destaca que durante un congreso sobre el amaranto al que asistió en Estados Unidos, científicos de distintos países manifestaron que es útil para prevenir enfermedades como la diabetes y obesidad.

“El amaranto no nos va a ayudar a curar las enfermedades pero sí a regularlas, los expertos están dando esa certidumbre científica a las comunidades con una cuestión de combatir la desnutrición, en ese sentido estamos trabajando con el amaranto”, subraya.

El cultivo de amaranto en las zonas rurales de la Ciudad de México ha ido en aumento y este año esperan una producción de 500 toneladas, y tan sólo en Tulyehualco prevén cosechar 360 de ese total.

El estado de Puebla es el principal productor de Amaranto a nivel nacional, en tanto que la capital se encuentra en lugar número cuatro, con alrededor de 250 productores de las delegaciones Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac.

Producción artesanal, herencia ancestral

Antonio Molotla sabe la importancia que tienen producir el amaranto de manera artesanal en la Ciudad de México, ya que es una actividad que en su familia se ha venido heredando de una generación a otra.

“El Amaranto es una tradición milenaria. Los aztecas nos lo dejaron grabados en piedra para que nosotros tuviéramos ese antecedente (…) Por eso es importante que nuestras áreas de cultivo no se deterioren más por el crecimiento de la mancha urbana”, señala.

Como muchos de los productores de la zona, anhela que los jóvenes se interesen en la actividad y tomen una iniciativa para aprovechar al máximo el amaranto.

“Porque es una alternativa, del amaranto puedes ocupar todo el capital humano, desde investigadores, agrónomos, sociólogos, toda la herramienta humana se requiere para que el amarantopueda tener un buen desarrollo y que el amaranto sea una parte funcional para la economía social de nuestras comunidades”, asegura.

Los productores capitalinos quieren que el amaranto que se produce en esta zona sea el de mejor calidad a nivel nacional y es por ello que en el proceso todavía se utilizan las técnicas que les heredaron los antepasados.

Antonio Molotla, también productor de esta semilla, refiere que en el mes de mayo se forman los almácigos, que consiste en una herramienta que favorece la germinación de semillas en un lugar protegido y controlado; para este proceso utiliza el lodo que se extrae de la zona lacustre del lugar.

La segunda fase, comenta, que ocurre en el mes de junio se llama trasplante y es cuando las plantas se trasladan ya con un crecimiento considerable al cerro del Tehutl.

Previo al sembrado, los hombres de Tulyehualco le colocan el arado a los caballos y van abriendo surcos y removiendo la tierra del suelo para que quede apta para esta actividad.

Posteriormente, se le coloca más tierra, se le pone abono para su buen desarrollo y finalmente se va cuidando y deshierbando. Cabe destacar que no se agroquímicos para combatir las plagas, ya que se busca recuperar los conocimientos ancestrales para cuidar el suelo y la cosecha.

Debido a los aportes a la salud, el amaranto se podría convertir en un futuro no muy lejano en un producto indispensable en la alimentación del mundo y además contribuir al desarrollo económico de México.

Vía Notimex.

Compartir

También te puede gustar