No es champaña.

Ese Sekt que tan bueno estaba.


Ese día llegué a la casa y estaba mi familia: mis hermanas habían visitado a mis papás y todos coincidimos. Me acordé que la última vez que fui, metí al refrigerador una botella de espumoso. He de admitir que era plan de maña para disfrutar una copa con mis papás. Tuve la suerte que estuvieran mis hermanas y podríamos disfrutarlo. La verdad ni tan buena suerte, ellas decidieron tomar también una copa. Suena contradictorio ¿Cómo que ni tan buena? Pues bien, era algo que quería sólo para mi papá y para mi. Era un recuerdo.

Pero nunca se niega ni el agua ni el vino. Y lo valió.

Primero, discretamente saqué la botella del  refri; miré a mi papá con perspicacia y se rió.

–       “Ya ábrela”.

Mi mamá volteó a verme, me dijo que nunca cambiaba y agarró dos copas, dijo que ella no quería. Mis hermanas andaban en la sala, una de ellas con su marido y mi mama echó el grito para que vieran que pasaba.

Empiezo a descorchar: quito la cápsula, aflojo el “metal” que cubre el corcho y poco a poco siento la presión. Dirijo la botella a donde no haya rostros ni vidrios y poco a poco saco el corcho. Ni tan rápido que se rompa la botella ni tan lento que sólo se atore más.

Y al fin: ¡Plop! Escucho a mi mamá.

–       “¡Vengan por champaña”.

–       “No, mamá, no es champaña”.

–       “Pero es espumosa y la botella está amplia”.

–       “Es que es espumoso, pero es un sekt”

Silencio profundo. Esto es incómodo. Mi papá se ríe.

¿Cómo les explico que es como la champaña pero no es champaña? Mama, es un vino espumoso de Alemania, así como la champaña se llama champaña, este se llama sekt.

Lo probaron con algunas dudas: no, no es dulce y sus aromas no nos recuerdan a manzanas y compotas. No se ve como el oro.

Este es un vino espumoso de burbuja fina, ácido. No encuentras tantas frutas pero si trufa. Hay sotobosque y es suave al paladar. Peor ácido (no olvido como mi hermana no dejaba de repetirlo).

Sí, esto es el Sekt.

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