Eligiendo un vino para una gran ocasión.

Hace poco recibí la grandiosa noticia que una de mis mejores amigas empezaba una nueva etapa con su novio al irse a vivir juntos y que habían decidido comprometerse. Claramente ha sido de las noticias más increíbles del año: no solo avente mi almohada cuando leí el mensaje, sino que grité como es mi costumbre ante tanta felicidad.  Estamos de acuerdo que la ocasión amerita una gran celebración: y claramente así se organizó.

Ahora viene la pregunta del millón ¿Qué vino llevo a la reunión donde conoceré su nueva casa y celebraremos el compromiso? Esa sí que fue una pregunta difícil de contestar. Vamos a ver: es una de mis mejores amigas, desde niñas somos muy unidas, nuestros novios se llevan increíble así que ya pasó a ser una amistad de parejas. Sí, de esas amistades que durarán toda la vida: de las que cursimente piensas  “sus hijos serán amigos de mis hijos”. Así que entre más pienso cuanto los quiero, más se me complica elegir la opción correcta.

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En todas mis pláticas, catas, etc siempre digo que los vinos son correctos para cada celebración, que los vinos tienen un propósito para disfrutarlos en hechos determinados. No es que uno sea el mejor vino, no será así si no lo disfrutas en el instante y con la gente ideal. Les aseguro que para ellos el vino que se tomaron el día del compromiso será el mejor vino del mundo porque formo parte de un momento.

Por lo tanto ya irán comprendiendo como mi cabeza pensó en mil opciones. Comencé por lo más fácil, irme por la región, varietal, y tipo de vino que se que ambos disfrutan. Esto se hace fácil conocerlo por todas las situaciones que hemos compartido una buena copa de vino. Así que comencé mi búsqueda.

Tengo que agradecer de sobremanera a mi novio que disfruta ir conmigo a comprar vino, porque fui a cuatro tiendas diferentes. Claro que encontré opciones en cada una, pero nada que me gritara “¡yo, llévame, soy el ideal!”. Así que elegía dos o tres opciones que agregaba a mi lista; me sentía como juez de concurso de belleza, llegue a mis 10 etiquetas finalistas, y claro estamos hablando de mi así que adivinen cual compre… ¡Ninguna!

Decidí que necesitaba algo más personal, así que no hay nada más personal que una etiqueta de tu propia cava. Una etiqueta que en algún día compre para un acontecimiento idóneo, claramente para ellos. Elegí dos etiquetas: una botella para una reunión no es suficiente. La primera un Vino tinto del Penedés añada 1997, un vino con complejidad, colores atractivos por el ribete que presenta en naranjas y aromas a compota; en resumen un vino romántico como su compromiso. El segundo, un Mexicano 2007 de varietal Merlot, que a pesar de llevar años en barrica y en botella, tiene una frescura agradable, como su nueva etapa en la vida.

Y ustedes ¿han tenido problemas en elegir vinos? ¡No duden en escribirnos!

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