La intensidad de un vino.

Ante el mito que mientras más fuerte sea un vino, a más barrica es mejor, les venimos a desmentir: Un buen vino no depende de eso.

La intensidad de una uva o de su proceso no va a definir si el vino es bueno o es malo, nos va a dar la pauta para mostrarnos diferentes tipos de vino.

Quitaremos también el punto que “el mejor vino es el que te gusta”; vamos a que la calidad de un vino es buena o no.

Hay vinos que tienen mayor complejidad, más tánicos, más fuertes y por lo tanto son robustos: las uvas con estas características son Cabernet sauvignon, tempranillo, Tannat y Syrah. El nebbiolo también entra aquí.

Como podemos ver, son vinos que aguantan mucha barrica: vinos que fácilmente encontramos en el mercado con más de un año en barrica y que su guarda es mayor.


 

Con un nivel de astringencia menor, encontramos la malbec y la garnacha.

De cepas más suaves, con taninos poco pronunciados y que no representan una gran complejidad, se encuentra el pinot noir, la gamay y la sangiovese.

Si nos damos cuenta, sólo hablamos de características del vino: no tiene que ver si es bueno o malo –sería analizar vino por vino-; tampoco tiene que ver con que les guste el vino.

Es más, la sangiovese puede ser una cepa con una gran carga aromática: flores y frutos al mayor, sin tener que ser una cepa muy astringente o que su paso en boca sea muy pronunciado.

-Esto también tiene que ver con la manera en la cual el productor lo elabora-.


 

En el caso de las blancas, el chardonnay y la viogner son cepas con una mayor intensidad que las albariño o el verdejo, por dar un ejemplo; la sauvignon blanc nos dará vinos más ligeros, al igual que la chenin blanc.

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