“Siento el vino amargo”.

Muchos de los mitos del vino vienen desde el momento que no entendemos de sabores y de aromas: el amargo en el vino es defecto y la mayoría de las veces lo confundimos con la astringencia, que es esa sensación áspera que queda en la boca después de que tomamos un vino tinto y que sentiremos más marcado mientras más “viejo” sea el vino.


Pocos son los vinos que tienen un amargor marcado y en todo caso se siente al finalizar el trago de vino.
Ahora bien, en caso de que tengas ese problema con el vino, lo más recomendable es tomar vinos más ligeros: busca los vinos blancos o rosado; con ellos no tendrás ese problema de sentir “amargo” el vino.

También los vinos dulces y espumantes serán opciones. Si ves que el vino dice “dulce”, pruébalo; puede ser desde un Pedro Ximenez o Asti, prosecos o lambruscos; serán buen acompañante para las personas que “quieren probar vino pero no que sea muy rudo”.
Si vas a blancos, no necesariamente tienen que ser dulces, puedes buscar vinos de chenin blanc o sauvignon blanc, que en la nariz son florales y frutales; se expresan bastante bien en boca y no tendrás problema en tomarlos.

Los vinos rosados SIEMPRE son buena idea para acompañar una comida o una tarde.
En espumantes, las cavas son buenas para los iniciadores, también los chilenos o los Californianos.
Otra opción para los que inician o han tenido conflicto con el vino, es probarlo en coctelería; no será mala idea hacer un nuevo esfuerzo con él.

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