Por qué dejar la negación a los rosados.

En verdad, la idea de tomar un rosado, para muchos parece una traición… ¿Es por qué no es blanco? ¿Sienten que es un tinto con inferioridad?

¡Pues no, señores –y señoras, antes de la queja del lenguaje (y de paso jóvenes y jóvenas; adultos mayores y adultas mayores)- no!

La vida no es así.

El rosado es un rosado.

Así que lo vamos a disfrutar como tal. Es lo que queremos que puedan conocer.
Hay dos opciones en el rosado: que sea de cepas tintas hecho con un proceso como el vino blanco o que sea la combinación de cepas tintas y blancas.
En cualquiera de las dos opciones, toma lo mejor de cada una de las cualidades para llegar a nuestra mesa, a nuestra copa.

¿Cómo así?

Si es la combinación de cepas, va a dar las cualidades necesarias a nuestro vino: la fuera, la astringencia, la suavidad, la tanicidad, la acidez que se quiere de acuerdo a cada tipo de uva y característica inherente de ella. ¡Pum, calidad, público, calidad!

En caso de que sea el proceso de blancas con cepas tintas, nos da los beneficios que amamos del vino tinto, pero sin la rudeza que –para algunos- implica.

Eso sí, es un perfecto acompañante.
Que tienen algo de comer y no saben con qué ponerlo: rosé.
Que les gustan las burbujas: Rosé.
Que van a ver una película: Rosé.
¿Calor? Rosé.
¿Frío? Mejor un tinto, pero también el rosé es opción.

¿Ven?
Vamos a dejar de estigmatizar el vino rosado y tratemos de hacer una de esas copas que solemos degustar un vino rosado.

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